Probé el Galaxy S26 Ultra siendo usuaria de iPhone: una gran cámara, mucha IA y una inevitable curva de aprendizaje

Pasé un tiempo usando el Galaxy S26 Ultra y, aunque no pude convertirlo completamente en mi teléfono personal, sí alcancé a probar algunas de las cosas que más me interesaban: fotografía, inteligencia artificial, pantalla, S Pen y esa libertad que todavía ofrece Android para conectar accesorios. ¿Es realmente tan bueno? Sí. ¿Me cambiaría inmediatamente desde un iPhone? Esa respuesta es bastante más complicada.

Tengo que comenzar esta review haciendo una aclaración importante: uso iPhone hace muchos años.

No lo digo para comenzar otra guerra entre Android y iOS —de hecho, espero conseguir exactamente lo contrario—, sino porque después de probar el Samsung Galaxy S26 Ultra confirmé algo que muchas veces olvidamos cuando comparamos teléfonos: nuestra experiencia no depende solamente de qué dispositivo tiene mejores especificaciones.

También depende muchísimo de nuestras costumbres.

Samsung me prestó el Galaxy S26 Ultra durante un periodo limitado y eso también condicionó esta review. No trasladé mi vida digital completa al teléfono, no instalé absolutamente todas mis aplicaciones ni desvinculé servicios de mi iPhone porque sabía que eventualmente tendría que devolverlo.

Por eso esto no pretende ser una prueba de meses ni una comparación científica entre ecosistemas. Es la experiencia de alguien que viene desde iOS, que utiliza muchísimo el teléfono para crear contenido y que decidió concentrarse en las funciones que realmente podía probar.

Y hubo una que terminó llevándose gran parte de mi atención: la cámara.

Primero, hablemos del teléfono

El Galaxy S26 Ultra es el modelo más completo de la familia S26 y Samsung claramente puso buena parte de sus esfuerzos en tres áreas: rendimiento, inteligencia artificial y fotografía.

Tiene una pantalla Dynamic AMOLED 2X de 6,9 pulgadas, resolución QHD+ de 3120 x 1440 y una frecuencia de actualización de hasta 120 Hz. Pesa 214 gramos, tiene 12 GB de memoria RAM en las configuraciones disponibles en Chile y utiliza el procesador Snapdragon 8 Elite Gen 5 for Galaxy.

Y sí: la pantalla es exquisita.

Más allá de las cifras, es grande, luminosa y muy agradable para consumir contenido, editar fotografías, escribir y, especialmente, aprovechar el S Pen. Para alguien que trabaja creando contenido visual, tener este espacio se agradece muchísimo.

El sistema de cámaras, por su parte, incluye una principal gran angular de 200 MP con apertura f/1.4, ultra gran angular de 50 MP, teleobjetivo de 50 MP y otro teleobjetivo de 10 MP. Tiene zoom óptico de 3x y 5x, niveles de 2x y 10x de calidad óptica mediante el sensor y zoom digital de hasta 100x. También puede grabar video hasta 8K a 30 fps.

Pero los números cuentan solamente una parte de la historia.

La cámara fue donde realmente me entretuve

Probablemente es la función que más utilicé durante el préstamo.

La cámara del S26 Ultra es muy buena. Tiene muchísimo detalle, responde bien en distintas situaciones y el zoom abre posibilidades bastante entretenidas. Samsung además aumentó la apertura de la cámara principal a f/1.4 y asegura que esto permite captar un 47% más de luz respecto de la generación anterior, algo especialmente útil en fotografía nocturna.

Galaxy
iphone

Pero hubo algo que comenzó a llamarme la atención mientras sacaba fotografías.

A veces miraba el resultado y pensaba: “esto se ve un poco procesado”.

Revisé filtros, configuraciones y opciones porque quería entender cuánto de lo que estaba viendo provenía realmente de la cámara y cuánto estaba agregando el teléfono.

Y aquí entramos en una conversación bastante más interesante sobre la fotografía móvil actual.

Cuando tomas una fotografía, la cámara ya no solamente captura

Samsung utiliza lo que denomina ProVisual Engine, junto con diferentes sistemas de procesamiento mediante inteligencia artificial.

Por ejemplo, Scene Optimizer puede reconocer automáticamente más de 20 tipos de escenas y modificar parámetros como saturación, balance de blancos y contraste. El AI ISP, por su parte, puede analizar independientemente elementos como cielo, vegetación o piel para procesarlos de manera diferente. También existe procesamiento multiframe, reducción de ruido, Super Resolution y sistemas de IA utilizados durante el zoom.

Esto confirmó bastante mi percepción mientras utilizaba el teléfono.

Incluso cuando yo no estaba aplicando conscientemente un filtro, eso no significa que estuviera recibiendo una imagen completamente neutra proveniente del sensor.

El teléfono interpreta la escena.

Decide qué necesita más contraste, cómo debería verse determinado color, cuánto ruido eliminar o qué detalles recuperar.

Y ojo, esto no es necesariamente algo malo.

De hecho, buena parte de la razón por la que hoy podemos sacar fotografías increíbles simplemente apuntando y disparando tiene que ver precisamente con la fotografía computacional.

Pero creo que es importante hacer esta distinción cuando decimos que un teléfono “saca mejores fotos”.

¿Tiene mejor sensor? ¿Mejor óptica? ¿Capta más luz? ¿O su procesamiento consigue una fotografía que visualmente nos parece más atractiva?

En el Galaxy S26 Ultra probablemente hay un poco de todo.

Samsung incluso permite controlar parte de ese comportamiento desde la configuración de la cámara, incluyendo las opciones de optimización de calidad y Scene Optimizer. Para quienes quieren intervenir mucho más en el resultado existe además Expert RAW, que permite trabajar con RAW de 16 bits y controlar ISO, velocidad de obturación, balance de blancos, exposición y enfoque.

Y esto último me parece especialmente interesante porque entrega una alternativa para quienes queremos decidir cuánto queremos que el teléfono haga por nosotros.

Galaxy AI es probablemente una de sus mayores fortalezas

Si algo sentí durante estos días es que Samsung no está utilizando la inteligencia artificial solamente como una etiqueta: Está bastante integrada en la experiencia.

Photo Assist, por ejemplo, permite editar fotografías utilizando lenguaje natural. Puedes pedir modificaciones sin necesariamente saber utilizar una herramienta profesional de edición, eliminar objetos, agregar elementos o incluso reconstruir partes de una imagen. Creative Studio permite partir desde una fotografía, un boceto o una instrucción para generar stickers, fondos y otros elementos gráficos.

Y aquí es donde el teléfono se vuelve particularmente entretenido.

Me encontré jugando con las herramientas, dibujando, probando ideas y utilizando el S Pen simplemente porque podía hacerlo directamente desde el teléfono.

Quizás esa palabra resume bastante bien mi experiencia con Galaxy AI: entretenida.

Hay una sensación de exploración. De descubrir qué más puede hacer el dispositivo.

Además, Samsung está llevando la IA más allá de la fotografía con funciones como AI Select, Now Brief, Now Nudge y la integración de distintos asistentes y agentes, incluyendo Gemini, Bixby y Perplexity.

Aquí sí siento que me faltó tiempo.

Para probar realmente este tipo de inteligencia artificial habría necesitado convertir el Galaxy en mi teléfono principal durante varias semanas, alimentarlo con mi rutina, mis aplicaciones y mi forma cotidiana de trabajar.

Y eso simplemente no era razonable tratándose de un equipo prestado.

El S Pen sigue siendo una pequeña maravilla

Hay algo muy satisfactorio en sacar el lápiz y comenzar a escribir o dibujar directamente sobre una pantalla de este tamaño.

¿Es indispensable? Probablemente no para todo el mundo.

¿Me entretuve muchísimo utilizándolo? Absolutamente.

En mi caso tiene sentido porque trabajo permanentemente con contenido visual. Poder hacer anotaciones, seleccionar elementos, dibujar o intervenir rápidamente una imagen sin necesitar otro dispositivo convierte al teléfono en una herramienta creativa bastante interesante.

Y la combinación del S Pen con una pantalla de 6,9 pulgadas es justamente lo que hace que no se sienta como estar intentando dibujar sobre una estampilla.

Android también me recordó algo que había olvidado: la libertad de conectar cosas

Acá apareció una ventaja muy específica, pero que para mí es importante.

Por mi trabajo en skincare tengo una pequeña cámara que permite visualizar la cobertura de un fotoprotector mediante imagen UV. Se conecta directamente mediante USB-C y utiliza una aplicación para mostrar cómo quedó distribuido el protector solar sobre la piel.

El problema es que ese accesorio fue desarrollado para Android.

Lo compré hace tiempo y prácticamente no he podido utilizarlo con mi iPhone.

Con un Galaxy, en cambio, este tipo de accesorios puede resultar mucho más sencillo de integrar. El S26 Ultra utiliza USB-C con interfaz USB 3.2 Gen 1, pero más importante todavía es la enorme variedad de periféricos y aplicaciones desarrollados pensando en Android.

Para una persona que solamente utiliza Instagram, WhatsApp, Spotify y la cámara probablemente esto sea irrelevante.

Para alguien que utiliza accesorios específicos por trabajo, puede ser una diferencia enorme.

Ahora viene mi problema: llevo demasiados años usando iPhone

Al principio me sentí un poco torpe utilizando el Galaxy.

Buscaba cosas donde no estaban, esperaba determinados comportamientos de la interfaz y tenía automatizados gestos que obviamente pertenecen a otro sistema operativo.

Pero sería tremendamente injusto convertir eso en una crítica al teléfono.

No significa que Android sea más complicado ni que iOS sea mejor diseñado. Significa que mi cerebro lleva años entrenado para utilizar iOS.

Me imagino perfectamente a alguien que lleva diez años utilizando Galaxy pasando a un iPhone y preguntándose por qué Apple decidió hacer determinadas cosas de determinada manera.

Hay detalles de Android que me gustaron mucho. Por ejemplo, poder utilizar gestos para tomar fotografías me parece comodísimo. Hay otras aplicaciones cuya interfaz sigo prefiriendo en iPhone.

Pero ahí ya ni siquiera estamos comparando la potencia de dos teléfonos. Estamos comparando ecosistemas, decisiones de diseño y, sobre todo, costumbre.

Entonces, ¿el Galaxy S26 Ultra saca mejores fotos?

En varios escenarios, comparado con lo que estoy acostumbrada a obtener desde mi iPhone, sí me gustaron más los resultados del Galaxy. Pero pondría un asterisco enorme sobre la palabra “mejores”.

Porque después de utilizarlo y revisar cómo funciona su sistema fotográfico, tengo mucho más claro que estamos comparando no solamente cámaras, sino también motores de procesamiento.

El Galaxy puede entregar fotografías muy atractivas prácticamente sin intervención del usuario precisamente porque hay muchísimo trabajo ocurriendo detrás.

Y Samsung no lo esconde: su propia documentación explica que el dispositivo reconoce escenas, modifica exposición, contraste y balance de blancos, procesa diferentes áreas de la imagen mediante AI ISP y utiliza inteligencia artificial para recuperar detalles, reducir ruido y optimizar fotografías.

Por eso quizás deberíamos comenzar a cambiar la pregunta.
Ya no basta con decir “¿qué teléfono tiene mejor cámara?”
También habría que preguntar: “¿Qué interpretación de una fotografía prefiero?”

Porque cada vez más, cuando apretamos el obturador de un smartphone, no estamos recibiendo solamente lo que vio un sensor. Estamos recibiendo lo que el sensor capturó más lo que el software decidió hacer con esa información.

¿Me cambiaría de iPhone a Galaxy?

Esta era la pregunta inevitable.

Y después de probarlo mi respuesta sigue siendo: no lo sé.

No porque el Galaxy S26 Ultra no me haya convencido. Todo lo contrario. Me pareció un teléfono excelente y hubo funciones que genuinamente me gustaría tener disponibles en mi teléfono habitual.

La cámara me gustó muchísimo. Galaxy AI está muy bien integrada. El S Pen es entretenido y útil. La pantalla es preciosa. Y la flexibilidad que ofrece Android para determinadas aplicaciones y accesorios es algo que, dependiendo de lo que uno haga, puede transformarse en una ventaja bastante concreta.

Pero cambiar de teléfono cuando llevas años dentro de un ecosistema no consiste solamente en comprar otro aparato. Hay aplicaciones, servicios, accesorios, contraseñas, automatizaciones y pequeños hábitos que uno construye durante años.

Existe una curva de aprendizaje. Y probablemente esa sea mi mayor conclusión después de probar el Galaxy S26 Ultra.

No necesitamos decidir que uno es maravilloso para concluir que el otro es malo.

Son equipos excelentes que funcionan dentro de ecosistemas diferentes y que, en muchos casos, proponen maneras distintas de hacer exactamente las mismas cosas.

Si llevas años utilizando Galaxy y mañana te entrego un iPhone, probablemente durante los primeros días también te parezca extraño.

Así que quizás podemos jubilar de una vez la eterna guerra de “Android versus iPhone”.

Yo volví a mi iPhone después del préstamo porque ahí sigue estando mi vida digital. Pero también devolví el Galaxy S26 Ultra entendiendo mucho mejor por qué elegirlo.

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