Lavadoras que calculan cómo lavar nuestra ropa, aires acondicionados que saben que vamos camino a casa y sistemas que vigilan cuánto estamos gastando en electricidad. Más allá de ponerle “AI” a todo, revisamos qué está haciendo realmente la inteligencia artificial cuando entra a nuestros electrodomésticos.
Hace unos días les contaba que la inteligencia artificial está dejando de ser un simple apellido tecnológico en los electrodomésticos para comenzar a trabajar silenciosamente detrás de algunas tareas cotidianas.

Pero me quedó dando vueltas una pregunta mucho más simple: ¿qué hace realmente?
Porque decirme que una lavadora “tiene IA” no me dice absolutamente nada. Quiero saber si lava mejor, si gasta menos, si evita que yo tenga que decidir entre quince programas que nunca he entendido o si simplemente agregaron las letras AI al nombre para que suene más moderno.
Y revisando las nuevas funciones que Samsung está incorporando a su ecosistema Bespoke AI y SmartThings, hay varios ejemplos que ayudan a entender dónde está apareciendo esa inteligencia y, sobre todo, cuándo puede ser realmente útil.
1. La lavadora puede decidir cómo lavar nuestra ropa
Partamos por una situación bastante conocida: meter ropa a la lavadora y mirar esa enorme cantidad de programas preguntándonos cuál corresponde.
Normal, delicado, algodón, sintético, rápido… y eventualmente terminamos utilizando los mismos dos ciclos para prácticamente todo.
En lavadoras Samsung compatibles con AI Wash, parte de ese trabajo puede hacerlo la propia máquina. Los sensores analizan información de la carga, como su peso y nivel de suciedad, y a partir de esos datos ajustan parámetros como la cantidad de agua y detergente y los tiempos del ciclo. Dependiendo del modelo, también puede considerar características del tejido.

Esto es importante porque aquí podemos separar un poco la IA de la magia.
La lavadora no “piensa” que nuestra polera favorita merece un trato especial. Tiene sensores, obtiene datos y utiliza algoritmos para decidir cómo ajustar el lavado.
Y eso sí puede resultar útil: menos decisiones manuales y un ciclo que no necesariamente funciona igual cada vez que apretamos el mismo botón.
2. La secadora puede darse cuenta de cuándo la ropa ya está seca
La misma lógica continúa después del lavado.
En la secadora Bespoke AI Laundry DV90F, la función AI Dry+ utiliza sensores para analizar factores como la humedad y el peso de las prendas, además de reconocer determinados tipos de tejido, para ajustar automáticamente el tiempo y la temperatura de secado.
Y esta es una de esas aplicaciones que encuentro mucho más interesantes que poner una pantalla enorme en algún aparato.
¿Por qué?
Porque una secadora no necesita funcionar durante una cantidad arbitraria de minutos si la ropa ya alcanzó el nivel de secado que buscamos.
Es un ejemplo bastante sencillo de lo que debería hacer un electrodoméstico inteligente: observar lo que está ocurriendo y adaptar su funcionamiento en lugar de ejecutar siempre exactamente la misma orden.
3. El aire acondicionado puede saber que vamos llegando a casa
Esta probablemente es una de mis favoritas.

El Bespoke AI WindFree Pro utiliza información como la temperatura interior y exterior, humedad y patrones de uso para adaptar automáticamente su funcionamiento. Puede comenzar enfriando rápidamente una habitación y luego cambiar al sistema WindFree cuando alcanza la temperatura adecuada.
Hasta ahí, bastante lógico.

Pero Samsung también tiene una función llamada Welcome Cooling, que utiliza la ubicación del smartphone para automatizar el aire acondicionado cuando nos acercamos o alejamos de casa, de acuerdo con una distancia y condiciones que nosotros configuramos previamente.
En términos cotidianos: podemos salir del trabajo en un día de calor y hacer que la casa comience a enfriarse cuando vamos llegando, sin tener que acordarnos de sacar el teléfono y encender el aire manualmente.
Eso sí me parece una buena automatización, porque después de configurarla deja de necesitar nuestra atención.
Incluso hay funciones de Pet Care que permiten programar condiciones de temperatura pensando en las mascotas cuando quedan solas.
Y aclaremos algo porque el nombre puede sonar más futurista de lo que realmente es: el aire acondicionado no mira al perro y decide que tiene calor. Nosotros establecemos las condiciones y el sistema se encarga de mantenerlas.
4. La casa puede avisarnos que estamos gastando demasiada electricidad
Quizás esta sea la función menos espectacular para mostrar en una presentación tecnológica, pero probablemente una de las que más agradeceremos cuando llegue la cuenta de la luz.
SmartThings Energy permite monitorear el consumo de equipos compatibles, establecer objetivos y recibir alertas.
Y algunos electrodomésticos incorporan además AI Energy Mode, que modifica ciertos parámetros de funcionamiento para disminuir el consumo.
Aquí hay que mirar los porcentajes con cuidado porque no existe un único “AI Energy Mode que ahorra X%” para todos los productos. El resultado cambia según el electrodoméstico, modelo, ciclo y condiciones de uso.
Por ejemplo, Samsung informa reducciones de hasta un 20% en determinados modelos y ciclos de lavadoras. Una de las maneras de conseguirlo es ajustando el funcionamiento y, en ciertos casos, aumentando el tiempo del ciclo.
Y esto me gusta porque explica bastante bien qué significa realmente “optimizar con IA”.
No apareció energía gratis.
La máquina puede decidir: puedo hacer esto consumiendo menos electricidad, pero voy a necesitar un poco más de tiempo.

En el aire acondicionado WindFree AI Pro, Samsung habla de reducciones de consumo de hasta 30% utilizando AI Energy Mode. La cifra proviene de pruebas realizadas bajo condiciones específicas comparando el equipo con el modo activado y desactivado, por lo que no significa que nuestra próxima cuenta de electricidad vaya a bajar automáticamente un 30%.
Lo interesante es que el sistema puede utilizar nuestros patrones de uso y las condiciones ambientales para buscar maneras de funcionar de forma más eficiente.
5. El refrigerador puede ayudarnos a recordar qué tenemos dentro
Llegamos al electrodoméstico que probablemente más se ha transformado en los últimos años.
Los nuevos refrigeradores Bespoke AI incorporan desde cámaras interiores hasta grandes pantallas y conectividad con SmartThings.

En modelos como el RF29, una cámara interna con IA puede participar en la gestión de los alimentos, mientras que otros modelos integran AI Home para controlar distintas funciones desde el propio refrigerador.
Esto puede parecer exagerado hasta que pensamos en una situación muy cotidiana: estar en el supermercado intentando recordar qué quedaba en el refrigerador.
Y después están las soluciones mucho más simples.
AutoView, por ejemplo, incorpora una puerta transparente que se ilumina cuando nos acercamos para permitirnos mirar el interior sin abrirla.
Curiosamente, esa última función ni siquiera necesita ser la demostración más sofisticada de IA para resultar útil. Resuelve una acción cotidiana sin pedirnos prácticamente nada a cambio.
Y para mí ahí está parte de la clave.
Entonces, ¿esto es realmente inteligencia artificial?
Esta pregunta me parece necesaria porque estamos viviendo una época en la que prácticamente cualquier automatización puede terminar presentada comercialmente como “AI”.
En estos electrodomésticos hay una mezcla de tecnologías.
Hay sensores que recopilan información: temperatura, humedad, peso, suciedad o consumo energético.
Hay algoritmos que utilizan esos datos para tomar decisiones.
Hay funciones que pueden aprender patrones de uso y sugerir configuraciones.
Y está SmartThings, que permite que distintos dispositivos conectados compartan información, creen automatizaciones y puedan ser controlados desde un mismo ecosistema.
La IA no hace todo.
Y no todo lo inteligente necesita IA.
Pero cuando esas tecnologías trabajan juntas sí pueden conseguir algo que me parece mucho más relevante que tener un refrigerador capaz de presumir que utiliza inteligencia artificial: quitarnos pequeñas decisiones de encima.
La mejor IA doméstica quizás sea la que dejamos de notar
Según datos entregados por Samsung, casi un tercio de los usuarios latinoamericanos de sus lavadoras compatibles ya utiliza AI Energy Mode. La cifra llega al 42,7% entre usuarios de refrigeradores y al 57,8% entre quienes tienen aire acondicionado compatible.

La compañía calcula además que esta tecnología permitió ahorrar 6,63 GWh de electricidad en Latinoamérica durante 2025, equivalente, según sus propios cálculos, al consumo anual de aproximadamente 1.500 hogares de cuatro personas. Son cifras del ecosistema Samsung —no estadísticas representativas de todos los hogares latinoamericanos—, pero muestran algo interesante sobre qué funciones están encontrando uso real.
Porque quizás llevamos años imaginando la casa inteligente de una manera demasiado cinematográfica.
No necesito que mi refrigerador tenga personalidad ni que mi lavadora converse conmigo.
Quiero meter la ropa y que sepa cuánto necesita lavar. Quiero que el aire acondicionado no siga gastando energía innecesariamente. Quiero saber cuánto estoy consumiendo antes de descubrirlo en la cuenta de la luz. Y si la casa puede estar fresca cuando llego sin que yo tenga que acordarme de encender nada, mejor todavía.
Ahí es donde esta nueva generación de electrodomésticos empieza a tener sentido para mí.
No cuando la inteligencia artificial consigue que hagamos más cosas con nuestros aparatos, sino precisamente cuando consigue lo contrario: que tengamos que preocuparnos un poco menos de ellos.