Un nuevo estudio de Taste Tomorrow, la plataforma de investigación de Puratos, muestra algo bastante reconocible para quienes vivimos en Chile: podemos comprar por internet, descubrir qué comer en Instagram y acostumbrarnos a la automatización, pero cuando hablamos de pan seguimos teniendo una debilidad por lo recién hecho, los sabores conocidos y el trabajo artesanal.
Hay pocas cosas más chilenas que pasar por una panadería y salir con una bolsa de pan que todavía está tibia. Y aparentemente no es solo una impresión mía.
Los nuevos resultados para Chile de Taste Tomorrow, el programa global de investigación de tendencias de Puratos, revelan que siete de cada diez consumidores chilenos prefieren productos provenientes de un local y elaborados por artesanos o maestros panaderos.

Y el dato resulta especialmente interesante porque llega en un momento en que prácticamente todo lo que hacemos se está digitalizando o automatizando. Podemos pedir el supermercado desde el teléfono, comprar comida sin hablar con nadie y descubrir el próximo croissant viral en TikTok, pero hay algo en la idea de que una persona hizo nuestro pan que todavía nos importa.
No parece ser una tendencia exclusivamente chilena. En los resultados globales publicados por Taste Tomorrow, el 66% de los consumidores dice preferir productos de tiendas locales elaborados por artesanos, mientras que la plataforma proyecta un crecimiento del interés online por la autenticidad local durante 2026.
Y acá hay algo que me parece bastante bonito: tal vez no estamos eligiendo solamente un producto. Estamos eligiendo también la historia que viene con él.
El pan en Chile no es cualquier alimento
Para entender estos resultados también hay que ponerlos en contexto.
Según la última Encuesta de Presupuestos Familiares publicada por el Instituto Nacional de Estadísticas, el 93,3% de los hogares de las capitales regionales declaró gastar dinero en algún tipo de pan, convirtiéndolo en el alimento con mayor presencia dentro del gasto de los hogares. El consumo promedio registrado fue de 15,7 kilos mensuales por hogar.
O sea, nuestra relación con el pan no es precisamente anecdótica.

De hecho, un análisis publicado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) sobre la cadena trigo-harina-pan vuelve a destacar que el producto está presente en aproximadamente 93 de cada 100 hogares. Al mismo tiempo, el organismo ha detectado una disminución en la disponibilidad aparente de harina para panificación por persona entre 2017 y 2024, por lo que nuestra relación con estos productos también está cambiando.
Eso hace todavía más interesante lo que encontró Puratos: aunque puedan modificarse las cantidades o los hábitos de compra, el componente cultural y emocional parece seguir ahí.
Queremos probar cosas nuevas, pero no tanto
Otro de los resultados de Taste Tomorrow que me llamó la atención tiene que ver precisamente con esa mezcla entre curiosidad y tradición.
Según los datos para Chile presentados por Puratos, ocho de cada diez consumidores dicen disfrutar los sabores tradicionales, mientras que una proporción similar busca encontrar algún elemento familiar incluso cuando prueba algo nuevo.
Y esta última tendencia tampoco es exclusivamente nuestra. Los datos globales de Taste Tomorrow muestran que cerca de siete de cada diez consumidores disfrutan encontrar algo conocido cuando prueban un alimento nuevo.
Tiene bastante sentido. Queremos novedad, pero con cierta seguridad.

Un croissant puede tener un relleno inesperado, un pan tradicional puede incorporar un ingrediente distinto o un postre conocido puede cambiar de formato. La innovación funciona mejor cuando todavía podemos reconocer algo en ella.
Y probablemente por eso la nostalgia está apareciendo con tanta fuerza en las tendencias alimentarias internacionales. Taste Tomorrow proyecta precisamente un aumento del interés por productos tradicionales, recetas regionales y preparaciones vinculadas con una historia o identidad cultural.
Y después está el olor a pan recién hecho
Acá no necesito demasiada ciencia para convencerme, pero hay datos.
Según los resultados chilenos presentados por Puratos, casi nueve de cada diez personas afirman que el olor a un producto recién horneado las incentiva a comprarlo o probarlo.
También una proporción similar considera que disfrutar la comida junto a familiares o amigos forma parte importante de la experiencia.
Es decir, cuando hablamos de panadería no estamos evaluando solamente sabor, precio o ingredientes. También intervienen el olor, el lugar, la memoria y el contexto en el que comemos.
Esto coincide con otra de las tendencias que Taste Tomorrow viene observando internacionalmente: frente al crecimiento del comercio electrónico, las tiendas físicas están ganando valor cuando son capaces de ofrecer algo que internet no puede reproducir completamente, como aromas, interacción, elaboración a la vista y una experiencia sensorial alrededor del producto.
Y una panadería tiene bastante ventaja en ese terreno. Todavía no inventamos una pantalla que huela a marraqueta recién salida del horno.
Pero también compramos con el teléfono en la mano
Que valoremos lo artesanal no significa que vivamos desconectados de lo digital. Más bien parece ocurrir exactamente lo contrario.
De acuerdo con Taste Tomorrow, poco más de la mitad de los consumidores chilenos compra alimentos online al menos una vez al mes, mientras que seis de cada diez busca inspiración en redes sociales o medios digitales antes de decidir qué comprar en una panadería o comercio.
Y la apariencia también importa: tres de cada cuatro consumidores encuestados considera que una comida que se ve bien también sabe bien.
Esto cambia bastante la manera en que una panadería compite hoy.

El producto puede seguir siendo artesanal, pero su descubrimiento ya no necesariamente lo es. Podemos encontrar esa pequeña panadería de barrio por Instagram, ver cómo preparan su masa madre en TikTok, revisar fotografías antes de ir y finalmente comprar presencialmente porque queremos llevarnos el pan recién hecho.
Lo artesanal y lo digital, entonces, no parecen estar peleando por el mismo espacio. Más bien están aprendiendo a convivir.
Lo natural importa; el comercio justo, un poco menos
La sustentabilidad también aparece dentro de las preocupaciones de los consumidores chilenos, aunque los resultados muestran algunos matices interesantes.
Según los datos presentados por Puratos, casi ocho de cada diez personas comprarían más en panaderías donde los productos se elaboren con ingredientes naturales, mientras que alrededor de siete de cada diez buscan alimentos producidos de manera sustentable.
Hasta ahí, bastante consistente con la conversación que llevamos años escuchando sobre ingredientes y producción.
Pero cuando la pregunta cambia hacia las personas que están detrás de esos ingredientes, el entusiasmo disminuye: solo seis de cada diez consumidores chilenos declara buscar alimentos en los que sepa que los agricultores reciben un precio justo o un ingreso digno.
Según Puratos, Chile obtiene en este indicador el resultado más bajo entre los países sudamericanos considerados y además retrocede respecto de 2023.
Y creo que este es uno de los datos más interesantes del estudio, precisamente porque no queda tan bonito.
Nos preocupa que un producto sea natural y sustentable, pero todavía existe una distancia entre esa preocupación y preguntarnos por las condiciones económicas de quienes producen sus materias primas. La sustentabilidad no termina en un envase reciclable o en una lista de ingredientes; también tiene una dimensión social.
¿De dónde salen todos estos datos?
Taste Tomorrow es el programa global de investigación de consumidores de Puratos para las industrias de panadería, pastelería y chocolate.
Para sus tendencias 2026, la compañía explica que combina encuestas realizadas a más de 23.000 consumidores en 56 países, análisis digital mediante inteligencia artificial semántica y evaluación de especialistas, utilizando además conversaciones y búsquedas online para detectar cambios en los intereses de los consumidores.
Los resultados correspondientes a Chile fueron presentados en Santiago durante un encuentro que reunió, según Puratos, a más de 400 representantes de la industria provenientes de distintos países de Sudamérica.
Y después de mirar los datos, mi conclusión es bastante menos futurista de lo que uno esperaría de un estudio que utiliza inteligencia artificial para anticipar tendencias.

Podemos cambiar la manera en que descubrimos la comida, comprar desde una aplicación, obsesionarnos durante una semana con el postre que apareció en redes sociales y probar ingredientes que hace diez años ni siquiera conocíamos.
Pero en Chile todavía nos gusta entrar a una panadería, reconocer lo que estamos comiendo y, si tenemos suerte, recibir una bolsa tibia.
Hay tecnologías que cambian muy rápido. El poder de un buen pan recién hecho, aparentemente, bastante menos.
Fuentes: Taste Tomorrow/Puratos; Instituto Nacional de Estadísticas (IX Encuesta de Presupuestos Familiares); Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa).