Dale unfollow a la mala onda

Para quienes nacimos y crecimos con el boom de la tecnología puede parecernos normal el cómo se desenvuelve la vida contemporánea, en donde internet y las redes sociales se han convertido en parte habitual de la rutina. Ahora, podemos contar en nuestro Twitter cómo nos sentimos o lo que pensamos, nuestra historia de vida parece resumirse en un perfil de Facebook, nuestra última comida adorna Instagram y podemos revivir el carrete olvidado con solo presionar nuestra historia en Snapchat. Incluso, podemos categorizar nuestras vivencias bajo un hashtag y enseñar el último lugar donde estuvimos mediante una etiqueta.

Sin embargo, las redes sociales no solo han marcado una diferencia generacional en nuestra manera de expresarnos, sino también en la forma en que aprendemos y nos informamos. De algún modo, siguiendo la lógica “fácil y rápido”, comenzamos a quedarnos con el titular de noticia descontextualizado en vez de leerla, a definir la verdad como el comentario con más likes, a desaparecer la discusión borrando comentarios y, sobre todo, a confundir opiniones con argumentos.  

Dentro de esa extraña selva que es internet, uno de los fenómenos más interesantes ha sido la polarización y agresividad que ha inundado el espacio. Ya no es raro ver en grupos, noticias o estados después de algún tema de interés público -llámese a esto declaraciones de algún personaje reconocido, debates políticos, problemas sociales o cualquier situación que permita pluralidad de posturas- discusiones cada vez más violentas y cuyo único objetivo parece ser imponer la visión propia y aplastar, ridiculizar y denostar al que piensa distinto.

Si bien estas situaciones pudieran verse como “mala onda” aislada e inofensiva, lo cierto es que ha sido demostrado que las conductas de trolling suelen ser repetitivas, intencionales y tienen por objetivo causar daño (1). Entre los factores asociados más relevantes, se encuentran la búsqueda de atención, venganza y los marcados rasgos sádicos (2) que presentan los haters, esto es, el sentir placer por el sufrimiento de otros.

Acá es donde quizás se preguntan: Ok, esos son los trolls, pero…

 ¿Qué tiene de malo discutir por Internet?

A pesar de que el debate y la reflexión favorecen la ampliación y refinamiento de las creencias, uno de los principales problemas de la discusión por Internet, especialmente en Facebook o Twitter, es que rara vez tienen por objetivo enriquecer el diálogo y se basan mayormente en pelear. Alguien dice algo, otro no está de acuerdo y en vez de buscar consenso, se ataca.

A menudo, el anonimato que permite internet fomenta la sensación de impunidad y libertad de ser responsabilizado por conductas inapropiadas en línea (3), lo que se traduce en mayor desenvoltura para comportarse con hostilidad. Este tipo de interacciones en redes suele ser poco prolijo y mientras los argumentos presentan débiles o nulos respaldos, se cae con frecuencia en falacias y ataques personales. La discusión desde el inicio muestra posturas inexorablemente marcadas. No hay flexibilidad, apertura ni búsqueda de resolución, lo que viola los principios del debate (4). Es una lucha entre dioses por definir su verdad como la única.

Además, es común percibir al “ganador” por medio de la popularidad y no por la calidad de sus intervenciones. Esta situación muestra el absurdo de que salvo en contadas ocasiones, no se llega a una solución o conversación constructiva, por lo que quienes participan del conflicto no cuestionan realmente sus visiones.

Cuántas veces han leído: “Tienes razón, me convenciste, reconozco que estaba equivocado”.

Este tipo de situaciones no solo son desgastantes para quienes participan en ellas, sino que también pueden generar sensaciones de enojo, cansancio y disgusto en quienes las leen.  Un estudio llevado a cabo en República Dominicana arrojó que el 34,8% de los participantes manifestaba sentir transmisión de emociones cuando leía publicaciones negativas en el muro de sus amigos (5). Considerando la alta cantidad de publicaciones de queja, enojo, depresión y malestar en redes, no sería de extrañar que el uso continuo de las plataformas sociales genere malestar emocional.

¿Y para qué le das tanto color?

Una de las razones que me motivó a escribir este post fueron los comentarios agresivos y descalificaciones que recibí en Facebook por uno de mis artículos. Sin embargo, lejos de ser una decisión que se creó por el mal rato, diría que el episodio fue la gota que rebalsó el vaso en mi cansancio con las redes sociales, puesto que, ya hace un par de meses me había dado cuenta de lo complicado que estaba siendo pasar por mi inicio sin toparme con alguna pelea, ver noticias, fotos o videos sin comentarios violentos o burlescos o estar largo rato sin molestarme o alterarme por contenido y opiniones sesgadas o desinformadoras. A pesar de ello, la intensidad del odio que percibí en ese momento fue lo que me hizo pensar: Realmente, ¿Qué wea?

Conversando sobre el tema con cercanos, me di cuenta de que no era la única harta de la “mala onda” que se instaló como regla en internet. Por eso, decidí compartir algunas técnicas útiles para lograr hacer de su uso más ameno y no acabar por considerar como la única opción eliminar todas las cuentas y desaparecer del mundo digital.

¿Qué hacer con la mala onda?

1. Dejar de seguir páginas/personas negativas

Hace un par de años, con un polémico estudio Facebook demostró que las publicaciones en la red social podían afectar las emociones de los lectores (6), ya que, cuando los usuarios veían contenido más negativo tendían a publicar más cosas negativas. Lo mismo ocurría con material positivo. Un estudio posterior (7) reafirmó la idea de que el contagio emocional podía darse masivamente a través de plataformas online.

Lo anterior nos lleva a poner como primera solución evadir las emociones negativas en redes sociales. Esto se traduce en que, al dejar de seguir páginas o personas que repetidamente generan malestar emocional (ya sea por contenido depresivo o agresivo), la cantidad de publicaciones negativas en tu feed disminuirá y, por ende, será menos probable que leas un comentario “mala onda” que arruine tu estado anímico.

Desde hace un tiempo Facebook e Instagram Stories permiten dejar de seguir a un contacto sin eliminarlo. Esta resulta una opción viable para quienes deben mantener por diversas razones las relaciones sociales en redes, pero no desean ver el contenido que publica la otra persona.

2. Disminuir el tiempo de uso

Una segunda opción para deshacerse de la negatividad que favorecen las redes sociales tiene relación con disminuir el tiempo que se utilizan estas plataformas. Un estudio realizado en Utah (8) arrojó que quienes usaban más Facebook, tendían a sobrestimar la felicidad de sus amigos, argumentando que poseían mejores vidas que ellos. Otro estudio (9) concluyó que una de cada tres personas se sentía menos satisfecha con su vida tras revisar sus redes sociales.

Aunque buscar inspiración y compartir ciertos eventos de nuestra vida con amigos no tiene nada de malo, un mayor uso de las redes sociales puede significar convertirse en un espectador pasivo, es decir, alguien que ve las publicaciones de los demás, pero no interactúa o genera propias. El peligro de esto radica en que un mayor acceso a las vidas de los demás, usualmente la porción que estos deciden mostrar provoca comparaciones que afectan de manera negativa la autoestima y la satisfacción personal.

De acuerdo a lo previamente expuesto, no todos los efectos negativos son producto de publicaciones de ese tipo, por lo que incluso dejando solo el contenido positivo nos arriesgamos al malestar emocional que implica ser un espectador de lo que sucede en el espacio digital.

3. Desactivar las notificaciones

A modo de complemento con la recomendación anterior, desactivar las notificaciones de las aplicaciones resulta ser útil a la hora de disminuir la cantidad de veces que ingresamos a las redes sociales. Al eliminar este aviso, es más sencillo delimitar los horarios o momentos en que se revisarán y evitar “quedarse pegado” viendo otras publicaciones además de las que nos involucran.

Sumado a las ventajas de permanecer menos tiempo en internet para disminuir el traspaso emocional negativo o la comparación con imágenes idealizadas de los otros, un beneficio de monitorear el tiempo es el control de factores de riesgo asociados al desarrollo de la adicción. Al igual que en otras dependencias, las redes sociales pueden ser usadas para compensar carencias personales y generar síntomas de abstinencia como irritabilidad, angustia y depresión (10).

Otro efecto conveniente de esto es minimizar la atención que gastamos en revisar nuestras redes sociales, a favor de concentrarnos en las actividades que estamos realizando. Esto se relaciona con desengancharse más fácilmente y marcar una línea de división entre lo digital y la vida real. Por ejemplo, el dejar de prestar atención a cómo sigue una pelea o comentarios mala onda mientras estudias, haces ejercicio o pasas el rato con amigos, significará que los efectos negativos de estas publicaciones te afecten por menos tiempos y en menor intensidad, ya que, estás enfocado en hacer otra tarea.

4. Sacarle provecho a las redes

A diferencia de lo que pudiera parecer, este post no tiene por objetivo demonizar lo digital, puesto que, las consecuencias negativas muchas veces derivan de una mala utilización o aprovechamiento de las herramientas que ofrece internet. En contraparte, las redes sociales permiten simplificar y agilizar la comunicación, mantener el contacto con personas que se encuentran lejos y compartir experiencias con los demás, favoreciendo el vínculo o la motivación.

Del mismo modo, la variedad de contenido que estas plataformas presentan en la actualidad las convierte en una herramienta idónea para desarrollar habilidades; Desde recetas de cocina y rutinas deportivas, hasta clases sobre contenido escolar o idiomas, en la web se encuentra material disponible para aprender -al menos de manera básica- cualquier actividad. También, internet facilita el acceso a fotografías, películas, libros, música y arte, que aumentan el capital cultural, muchas veces restringido por variables socioeconómicas.

Finalmente, ya han sido probados algunos beneficios del uso de aplicaciones o aparatos tecnológicos para enriquecer la enseñanza, siendo asociado su uso a mejoras en habilidades matemáticas (11) y del lenguaje (12). Por ello, el último consejo está dirigido a no limitarse a la absorción de “contenido basura” sino que a aprovechar los recursos que ofrecen las redes sociales.

Referencias

  1. http://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0165551510365390
  2. https://www.researchgate.net/publication/260105036_Trolls_just_want_to_have_fun
  3. https://www.degruyter.com/view/j/jplr.2010.6.issue-2/jplr.2010.011/jplr.2010.011.xml
  4. http://www.riaej.com/sites/default/files/Expo%20Tecnicas%20de%20litigacion%20articulo.pdf
  5. http://revistascientificas.udg.mx/index.php/DSE/article/view/3541/3322
  6. http://www.pnas.org/content/111/24/8788.abstract
  7. http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0090315#s2
  8. http://online.liebertpub.com/doi/abs/10.1089/cyber.2011.0324
  9. http://www.ara.cat/2013/01/28/855594433.pdf?hash=b775840d43f9f93b7a9031449f809c388f342291
  10. http://m.adicciones.es/index.php/adicciones/article/view/196/186
  11. https://onebillion.org/downloads/unlocking-talent-final-report.pdf
  12. http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1468798414533560

Por Josefina López: Youtube

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