La reciente, e intensa, discusión sobre la posibilidad de limitar el acceso a la gratuidad en la educación superior a personas sobre los 30 años – que aún no se ha zanjado – reveló, una vez más, una tensión de fondo que reaparece cada vez que se discute el gasto público: la urgencia de eficiencia fiscal versus supuestos demográficos que ya no se sostienen, pero sobre los cuales seguimos construyendo políticas.
El modelo que opera como premisa del posible recorte es conocido: educación en la juventud, trabajo en la adultez y jubilación en la vejez. Un esquema que describe cada vez menos la realidad del país, pero que reaparece con fuerza cada vez que se discute el gasto. Las proyecciones del INE son elocuentes: mientras hoy el grupo de 18 a 30 años alcanza cerca de 3,6 millones de personas, hacia 2050 no superará los 2,2 millones. Chile envejece aceleradamente, y con ello el perfil del estudiante también cambiará. En sociedades más longevas, la educación formal reaparece en distintos momentos para reconvertirse, actualizar habilidades o retomar trayectorias interrumpidas.
Ese dato demográfico también ilumina quiénes son, concretamente, los estudiantes mayores de 30. No son, en su mayoría, personas que postergaron su educación por elección, sino quienes debieron interrumpir su camino por responsabilidades de cuidado o precariedad laboral. Restringir la gratuidad por edad termina penalizando a quienes estas políticas buscan proteger.
El vaivén, entonces, no se resuelve zanjando si la medida era buena o mala. Se resuelve reconociendo que la edad es una variable equivocada para responder al problema planteado. La discusión sobre eficiencia del gasto es legítima, pero sus respuestas no deben buscarse en umbrales etarios que reproducen desigualdades. Diseñar el financiamiento educativo ignorando el envejecimiento demográfico es planificar mirando al pasado.
En una sociedad que envejece, el futuro de la educación superior no pasará por cerrar puertas según la edad, sino por construir sistemas que permitan el aprendizaje a lo largo de toda la vida, aprovechando el talento y la experiencia que se acumulan con los años. La demografía no es una nota al pie de las políticas públicas: es una hoja de ruta que les da sentido.
Sobre el Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo
El Observatorio del Envejecimiento para un Chile con futuro nace de la alianza entre Compañía de Seguros Confuturo y la Universidad Católica de Chile y su objetivo es visibilizar información relevante sobre los adultos mayores en el país, a través del desarrollo de estudios que permitan sensibilizar a la opinión pública y revelar tópicos de impacto social relacionados a la vejez y el envejecimiento de los chilenos.
Autor: Valentina Jorquera, coordinadora e investigadora del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo